lunes, 25 de marzo de 2013

ARGENTINA:UN PAIS DE BUENA GENTE, Y DE LA OTRA

UN CUENTO CHINO
Para tratar de ubicarlos. Fue el sábado pasado, 16 de Marzo. Por la mañana, después de levantarme y hacer todo el tramiterío para llamarlo de alguna manera, que significa poner a papa de pie. Los pormenores de esta vida que estoy llevando la saben, no ahondare en detalles. No soy de hacerme la victima y mucho menos sentir que estoy sacrificando mi vida. Continuo. Tenia que ir al Súper a hacer algunas compras, varias. Me puse un abrigo extraño, medio piloto porque habían anunciado lluvia. En un bolsillo, el izquierdo puse $ 500, en el otro las llaves. Deje a papa desayunando y me fui. Hice las compras que necesitaba, como para estar tranquila digamos que un par de semanas, vivir sola por un tiempo y ahora estar mucho en la cocina merced a la visita forzada de mi viejo, me hicieron creativa, y si bien tengo algunas limitaciones (diabetes, gastritis, presión, etc., del ilustre huésped), me las arreglo como para que todo por lo menos dure y ninguno de los dos muera de hambre.
Cuando voy a pagar, tanteo los dos bolsillos, en el de la izquierda estaba la plata, en el derecho ya no estaban las llaves. Me sobresalte y le comente al chico que siempre me ayuda a traer las bolsas que las había perdido, después de darme cuenta que el forro de ese bolsillo tenía un agujero. El pibe pego un grito, preguntando a los presentes si alguien había visto unas llaves, y entre los dos nos pusimos a recorrer el supermercado. Nada. Pablo, el empleado, puso las bolsas en un carrito y me dijo, vamos que te llevo las cosas y miramos tu recorrido, a lo mejor se cayeron en la calle. No. No las encontramos. Llegamos a la puerta y de verdad por tres segundos me desespere, no solo por pensar como entraba al edificio. El verdadero problema iba a ser entrar al departamento. Por diferentes circunstancias que no vienen al caso, nadie que conozco, ni familiar, ni amigo, tiene una copia de mis llaves. Solo mis viejos tenían una copia, cosa que recordé mas tarde. Toque el portero eléctrico llamando a algún vecino, debo reconocer, vivo hace ocho años en este lugar, somos pocos, pero no identifico a todos. Vino uno de PB, me abrió, le tuve que explicar todo, y como es un tipo un tanto pesado (a pesar de ser joven), me dijo que hablase con la administradora (que en realidad lo único que hace es venir a cobrar las expensas) porque en esas circunstancias lo mejor es cambiar la cerradura y hacer copias de las llaves de los departamentos (12) o sea (24). Me sorprendió, quien que no me haya seguido, si encontró las llaves podría saber que eran de ese lugar? Y todos los que habitamos ese edificio conocemos a los chicos de Bambi (el Súper), calle Neuquén, en Caballito, cerca de la cancha de Ferro, (mas adelante sabrán por que lo nombro, no estoy cobrando por esta publicidad). Pablo llevo las bolsas arriba, yo permanecí abajo para tener la puerta de calle abierta. Lo peor estaba por venir. El chico se fue y le pedí si conocía un cerrajero que por favor lo llamase urgente (yo no había salido con mi celular tampoco). Subo las tres escaleras (vivo en el tercer piso sin ascensor, ni portero, ni vecino, ni gato, ni nada). Golpeo, papa me escucha, le digo lo que había pasado y le pido con toda la calma que podía si se animaba a ir con la silla de ruedas desde donde estaba hasta el piano, pararse sosteniéndose y abrirme la puerta, me dice que lo intentara. Miro por la cerradura. Veo lo que hace, hasta que lo vi. pararse, y caer, pero justo en el sillón rojo que esta al lado del piano, mas cerca de la puerta. Allí se quedo, me dice, no puedo Nora, no tengo de donde agarrarme. Pienso un segundo. Voy a tocar timbre en lo de una vecina joven con niños adolescentes que vive justo enfrente de mi departamento, me abre, le cuento, le pido si me puede dar una mano, primero trajo llaves de todo tipo, porque lo único que había que hacer era abrir la puerta (no estaba cerrada con llave),no había caso, encima se fijo en los tornillos que aprisionaban la cerradura, no tenían esa marquita en el medio que suelen tener los tornillos tradicionales como para poner un destornillador y sacar todo. Le pedí un martillo y otra herramienta. Me las trajo. Eran las 12 del mediodía, mas o menos, supongo que ningún vecino iba a quejarse, empecé a darle con todo a la puerta todo alrededor de la cerradura. La madera se iba rompiendo soberanamente, pero la cerradura se mantenía firme. Pasaron 50 minutos más o menos. Vino el marido de mi vecina, trato de ayudar, ella también, con un alambre para ver si enganchaba y daba vuelta el mecanismo para abrir. No hubo caso.
En un momento dado, escucho a papa, que me dice, Nora llegue, pude, te abro, y medio mezcla de fastidio por lo sucedido y alegría porque papa pudo hacerlo entre a casa. Devolví todo a Samanta (mi vecina) y agradecí, por supuesto su ayuda. Entre al departamento y ahí, justamente ahí, recordé el juego de llaves que mis viejos tenia de mi casa. Los fui a buscar, los encontré, intactos. Menos la llave de la puerta que da a la calle, porque en este tiempo la han cambiado un par de veces, las otras las podía usar.
Me quedo unos diez minutos tranquila, hasta que sonó el portero, fui a atender y me dijo que era el cerrajero, baje, le toque la puerta al gordito de PB, para que me abra y de paso el se quedo a escuchar, yo le dije al tipo que lamentaba mucho la molestia pero que yo había solucionado en parte el problema. La contestación del señor fue la siguiente:”si, si, pero yo le tengo que cobrar la visita, estaba en Once y me hicieron venir urgente”. Bueno, cuanto es, pregunte. $ 100. Si, solo por tocar un timbre y entablar unas palabras conmigo el tipo se hizo en una mañana de sábado con $ 100. Una joya. El gordito insistió con el tema de cambiar la cerradura y hacer las copias, yo, que a estas alturas tenia un poquitín de ganas de encajarle un bife, le pregunte al cerrajero cuanto me saldría todo ese laburo, cambiar la cerradura o la combinación y hacer 24 llaves. Me contesto: $ 1.700. Ah, bueno. Mire, vaya, yo hablo con la administración, veo como hacemos y cualquier cosa lo llamo. Anote en mi celular su numero y se fue. Ojala que a la mierda. Quedamos con el gordito que yo hablaría con la supuesta administradora. A quien llame a su celular, le deje un mensaje que jamás respondió.
Al otro día, domingo, Después de ver el partido que perdió River, entre amargada, cansada y con la cabeza a mil vuelvo a llamarla, me atiende, le cuento todo, después de disculparme por llamarla un domingo a la tarde, me dice que no escucho mi mensaje y me pregunta,”y vos que queres hacer? “, le contesto que no podía gastar ese dinero en este momento ni nunca en realidad para hacer las copias de las llaves y cambiar la cerradura. Que si ella quería lo hablábamos, que me parecía medio loco pensar que alguien que encontrase esas llaves iba a saber que pertenecían a este lugar. En fin, que me dijo, deja que mañana (lunes) hablo con mi cerrajero, le pregunto por el presupuesto y te llamo. No la escuche ni preocupada, ni molesta, ni nada, en realidad no resolvió, no ejecuto, en realidad creo que estaba muerta.
El lunes me despierto, y decido poner fin a la situación, la llamo por teléfono, estaba el contestador y le digo que se quede tranquila, que no hable con el cerrajero porque ya había encontrado mis llaves.
Voy hasta lo de la vecina amiga y le pido me preste la llave de la puerta de calle que voy a ir a hacer una copia,




(DOS ACLARACIONES: A TODO ESTO ES BUENO QUE SEPAN QUE, EL DOMINGO TUVE QUE SALIR DE URGENCIA A LA FARMACIA POR  ALGO QUE NECESITABA MI VIEJO, POR LO TANTO MOLESTE A UNA DE LAS POCAS VECINAS QUE ESTABA EN EL EDIFICIO PARA PODER SALIR, HACER LA COMPRA Y DEVOLVERLE LA LLAVE. POR OTRO LADO, LA COMPRA QUE HABIA HECHO EN EL SUPER FUE DE $ 589, TENIA $ 500, ASI QUE LE DARIA EL RESTO A PABLO CUANDO ME ACOMPAÑASE A DEJAR LAS BOLSAS A CASA).

Continuo, hago la copia de la llave y ya que estoy un juego mas, así me quedarían dos, regreso a casa y me pongo a cocinar. Suena el timbre, atiendo el portero, era Pablo, el pibe del supermercado, con la esperanza de que me dijese que había encontrado las llaves (no se por que uno se encariña con un manojo de llaves que nos acompaña mucho tiempo, además tenia dos maripositas de adorno, que se yo, boludeces), me dice no, no te alegres, no las encontré pero Mary necesita que me pagues los $ 89. Mary vendría a ser o la dueña o la hija del dueño del Supermercado, una mina de un carácter difícil, que me conoce hacen ocho años, a quien compro desde siempre y desde siempre le hago compras importantes. Le contesto a Pablo, pero no sabe todo lo que me paso? le contaste?, si, si dice el pibe, pero ella nos pide que no fiemos a nadie, aparte nos amenaza con que si no le llevamos la plata que nos deben nos la van a descontar de nuestro sueldo. (Por eso antes les nombre el súper, para que si alguna vez, de casualidad, alguno de ustedes pasan por ahí, en mi nombre, no entren). Pero escúchame Pablo, le contesto, ya gritando, todo por el portero, vos viste que no pude entrar, estoy adentro de casa, no tengo mi llave, dejame intentar ver si puedo pasarte la guita por debajo de la puerta.
Junto exactamente $ 89 bajo y le paso a Pablo el dinero (aclaro, aunque no debería, que a esos chicos he llegado a darles $ 20 de propina, pero en fin). La cosa es que cuando agarra la plata, le digo desde adentro: DECILE A MARY QUE SE OLVIDE DE MI, PERDIERON UNA CLIENTA, ESTE LUGAR ESTA LLENO DE SUPERMERCADOS COMO EL DE USTEDES, LES HICE UNA COMPRA DE $ 500, ME RECLAMA $ 89 NO PUEDO SALIR DE CASA, TENGO A MI VIEJO COMO VOS LO VISTE Y ENCIMA AMENAZA. GRACIAS A VOS Y EL OTRO CHICO, PERO NO ME VAN A VER MAS. PABLO CON CIERTA ANGUSTIA ME PIDE QUE LA LLAME POR TELEFONO, LE DIGO QUE NO, YO VENIA DE TENER UNA SEMANA DE CONFLICTO CON PERSONAL (encima).
Vos te crees que voy a gastar una llamada para hablar con una persona que tiene desconfianza de mí, que soy clienta hace 8 años, de compras grandes y que siempre cumplió? No gracias. Suerte y mandale saludos. Es una caradura.
Y Pablo se fue.
A todo esto la señora adminastrodora muerta no escucho mi mensaje del lunes, por lo tanto vuelve a sonar el timbre, atiendo y era el gordito de planta baja avisándome que un cerrajero mandado por ella me esperaba en la puerta. Le contesto a Ignacio (que así se llama el vecino), pero si ya la llame y le dije que encontré las llaves, ya no necesitamos cambiar nada. El, muy amablemente me contesta: NO SE, ARREGLATE, YO ME TENGO QUE IR A TRABAJAR, EL PROBLEMA ES TUYO.
El cerrajero, un pibito, sube a mi departamento, le abro, y le digo, escuchame, ya no es necesario hacer el laburo, ya encontré las llaves, pero yo ya hice las 24 copias, me contesta el nene, le digo, espera, agarro el celular, llamo a la muerta, y misteriosamente me atiende, le digo lo que pasa, y me dice, bueno entonces que no haga nada, mientras el jefe del cerrajerito hablaba por otro teléfono con la muertita y le decía que habían hecho las copias. Entonces la Sra. me explica, mira las copias están hechas, yo solo necesito a alguien del edificio que se las quede, haga un cartel, lo pegue abajo y vaya entregando las llaves. Le digo que yo lo puedo hacer, que no suelo salir de casa, que estoy al cuidado de mi papa. Pero le aclaro que yo eso no lo iba a pagar. Ella me aclara que me quede tranquila que se hará cargo la administración. No se todavía si habrá cambio de planes pero tan muerta no estaba. El chico baja, y en diez minutos cambio la combinación de la cerradura. Me dio las 24 llaves y se fue.
Pasaron los minutos, horas y días, y de a poco todos los vecinos fueron teniendo sus llaves nuevas. De última sirvió para conocerlos, nunca tuve relación con mucho de ellos, sobre todo cuando trabajaba. Salía demasiado temprano y volvía demasiado tarde.
A la noche el último que me toco la puerta fue el gordito de la PB, vino a buscar sus copias y lo encare. En definitiva, le dije que no se yo como es la relación suya con los demás vecinos pero que a mi no me iba a tratar mal, porque ni mi padre ni yo hacemos nada para molestar a nadie. Ni la música alto, ni la tele alto, tengo un piano en casa que no toco. Y ya ni siquiera gritamos los goles de River. Me pidió disculpas el necio. Y se fue.
Fueron días complicados, Salí solo a comprar algunas cosas, ahora tengo que acostumbrarme a hacer las compras que antes hacia solo con un llamado por teléfono.
En el medio de todo esto, se rompe mi monitor de la pc, mi Tía me presta la tarjeta para que compre uno nuevo. Trato de terminar un laburito que me paso mi hermano hace meses de transcripción de una novela que escribo hace diez años, no tenia tiempo ni ganas de seguir tipiando y la llevo a un locutorio para escanear las paginas que faltan, me falta un pendrive, trato de comprar uno, era un robo, así que la chica del locutorio que no me conoce pero que hace el laburo decide prestarme uno y encima explicarme como se maneja. Hago el laburo todo el último sábado, Día en que le prometí a la chica devolvérselo. No pude.
Hoy después de algunos inconvenientes con papa, cocinar, comer y lavar platos, me voy hasta el locutorio para devolver el dispositivo. Se lo agradezco, me trata como si fuésemos amigas de toda la vida. Paso por el negocio que vende todos productos de pollos de granja (había llevado $ 400) compro lo necesario y enfilo para súper chino, que queda en la calle Nicolás Repetto. Hago las compras que necesitaba si o si. Voy a la caja. Una hermosa japonesa o china o lo que sea, me atiende. Cuando hace la cuenta final da $ 338. (ya había dejado $80 y pico en el otro negocio) le doy los $ 300 y le digo, creo que no llego a los $ 38, saco todas monedas que tenia (eran muchas), cuento, tenia un billete de $2, la hago corta, hace un año o mas que no voy a ese supermercado, la chica no me conoce, porque siempre que fui antes, cuando vivía mas cerca de ese lugar iba mas seguido, había todo el tiempo cajeras diferentes. Redondeamos y aun ofreciéndoles sacar algo de lo comprado, me dice, no importa, me debes $ 13, cuando pases de nuevo me lo pagas. Le aviso que no voy seguido por ahí, que no suelo comprar todos los días. Me dice que no importa que solo vaya a pagarle si pasaba por ahí. Agarre las bolsas. Camine hasta casa, abrí todas las puertas (que siempre se vuelve a abrir) llegue a casa y con calor, cansancio y cierto hartazgo le conté esta historia a mi viejo héroe. No se, tenia ganas hace unos días de contar esta historia de gente sin solidaridad, 
agresivos, desvastados, y almas “ayudantes” que vieron como reventaba a golpes mi puerta. 




Pero hoy, después de ir al supermercado chino, de conocer a esa niña que me cobro. Le encontré un final a la historia. Cerré un círculo.
Les dejo un ejercicio, tal vez puedan entretenerse. Busquen en este relato que hasta puede llegar a ser aburrido, a la buena gente que esta cerca de uno y a la otra, de la que definitivamente hay que alejarse.