UN CUENTO CHINO
Para
tratar de ubicarlos. Fue el sábado pasado, 16 de Marzo. Por la mañana, después
de levantarme y hacer todo el tramiterío para llamarlo de alguna manera, que
significa poner a papa de pie. Los pormenores de esta vida que estoy llevando
la saben, no ahondare en detalles. No soy de hacerme la victima y mucho menos
sentir que estoy sacrificando mi vida. Continuo. Tenia que ir al Súper a hacer
algunas compras, varias. Me puse un abrigo extraño, medio piloto porque habían
anunciado lluvia. En un bolsillo, el izquierdo puse $ 500, en el otro las
llaves. Deje a papa desayunando y me fui. Hice las compras que necesitaba, como
para estar tranquila digamos que un par de semanas, vivir sola por un tiempo y
ahora estar mucho en la cocina merced a la visita forzada de mi viejo, me
hicieron creativa, y si bien tengo algunas limitaciones (diabetes, gastritis,
presión, etc., del ilustre huésped), me las arreglo como para que todo por lo
menos dure y ninguno de los dos muera de hambre.
Cuando
voy a pagar, tanteo los dos bolsillos, en el de la izquierda estaba la plata,
en el derecho ya no estaban las llaves. Me sobresalte y le comente al chico que
siempre me ayuda a traer las bolsas que las había perdido, después de darme
cuenta que el forro de ese bolsillo tenía un agujero. El pibe pego un grito,
preguntando a los presentes si alguien había visto unas llaves, y entre los dos
nos pusimos a recorrer el supermercado. Nada. Pablo, el empleado, puso las
bolsas en un carrito y me dijo, vamos que te llevo las cosas y miramos tu recorrido,
a lo mejor se cayeron en la calle. No. No las encontramos. Llegamos a la puerta
y de verdad por tres segundos me desespere, no solo por pensar como entraba al
edificio. El verdadero problema iba a ser entrar al departamento. Por
diferentes circunstancias que no vienen al caso, nadie que conozco, ni
familiar, ni amigo, tiene una copia de mis llaves. Solo mis viejos tenían una
copia, cosa que recordé mas tarde. Toque el portero eléctrico llamando a algún
vecino, debo reconocer, vivo hace ocho años en este lugar, somos pocos, pero no
identifico a todos. Vino uno de PB, me abrió, le tuve que explicar todo, y como
es un tipo un tanto pesado (a pesar de ser joven), me dijo que hablase con la
administradora (que en realidad lo único que hace es venir a cobrar las
expensas) porque en esas circunstancias lo mejor es cambiar la cerradura y
hacer copias de las llaves de los departamentos (12) o sea (24). Me sorprendió,
quien que no me haya seguido, si encontró las llaves podría saber que eran de
ese lugar? Y todos los que habitamos ese edificio conocemos a los chicos de
Bambi (el Súper), calle Neuquén, en Caballito, cerca de la cancha de Ferro, (mas
adelante sabrán por que lo nombro, no estoy cobrando por esta publicidad).
Pablo llevo las bolsas arriba, yo permanecí abajo para tener la puerta de calle
abierta. Lo peor estaba por venir. El chico se fue y le pedí si conocía un
cerrajero que por favor lo llamase urgente (yo no había salido con mi celular
tampoco). Subo las tres escaleras (vivo en el tercer piso sin ascensor, ni
portero, ni vecino, ni gato, ni nada). Golpeo, papa me escucha, le digo lo que había
pasado y le pido con toda la calma que podía si se animaba a ir con la silla de
ruedas desde donde estaba hasta el piano, pararse sosteniéndose y abrirme la puerta,
me dice que lo intentara. Miro por la cerradura. Veo lo que hace, hasta que lo vi.
pararse, y caer, pero justo en el sillón rojo que esta al lado del piano, mas cerca
de la puerta. Allí se quedo, me dice, no puedo Nora, no tengo de donde
agarrarme. Pienso un segundo. Voy a tocar timbre en lo de una vecina joven con
niños adolescentes que vive justo enfrente de mi departamento, me abre, le
cuento, le pido si me puede dar una mano, primero trajo llaves de todo tipo,
porque lo único que había que hacer era abrir la puerta (no estaba cerrada con
llave),no había caso, encima se fijo en los tornillos que aprisionaban la
cerradura, no tenían esa marquita en el medio que suelen tener los tornillos
tradicionales como para poner un destornillador y sacar todo. Le pedí un
martillo y otra herramienta. Me las trajo. Eran las 12 del mediodía, mas o
menos, supongo que ningún vecino iba a quejarse, empecé a darle con todo a la
puerta todo alrededor de la cerradura. La madera se iba rompiendo
soberanamente, pero la cerradura se mantenía firme. Pasaron 50 minutos más o
menos. Vino el marido de mi vecina, trato de ayudar, ella también, con un
alambre para ver si enganchaba y daba vuelta el mecanismo para abrir. No hubo
caso.
En
un momento dado, escucho a papa, que me dice, Nora llegue, pude, te abro, y
medio mezcla de fastidio por lo sucedido y alegría porque papa pudo hacerlo
entre a casa. Devolví todo a Samanta (mi vecina) y agradecí, por supuesto su
ayuda. Entre al departamento y ahí, justamente ahí, recordé el juego de llaves
que mis viejos tenia de mi casa. Los fui a buscar, los encontré, intactos.
Menos la llave de la puerta que da a la calle, porque en este tiempo la han
cambiado un par de veces, las otras las podía usar.
Me
quedo unos diez minutos tranquila, hasta que sonó el portero, fui a atender y
me dijo que era el cerrajero, baje, le toque la puerta al gordito de PB, para
que me abra y de paso el se quedo a escuchar, yo le dije al tipo que lamentaba
mucho la molestia pero que yo había solucionado en parte el problema. La
contestación del señor fue la siguiente:”si, si, pero yo le tengo que cobrar la
visita, estaba en Once y me hicieron venir urgente”. Bueno, cuanto es,
pregunte. $ 100. Si, solo por tocar un timbre y entablar unas palabras conmigo
el tipo se hizo en una mañana de sábado con $ 100. Una joya. El gordito insistió
con el tema de cambiar la cerradura y hacer las copias, yo, que a estas alturas
tenia un poquitín de ganas de encajarle un bife, le pregunte al cerrajero
cuanto me saldría todo ese laburo, cambiar la cerradura o la combinación y
hacer 24 llaves. Me contesto: $ 1.700. Ah, bueno. Mire, vaya, yo hablo con la
administración, veo como hacemos y cualquier cosa lo llamo. Anote en mi celular
su numero y se fue. Ojala que a la mierda. Quedamos con el gordito que yo hablaría
con la supuesta administradora. A quien llame a su celular, le deje un mensaje
que jamás respondió.
Al
otro día, domingo, Después de ver el partido que perdió River, entre amargada,
cansada y con la cabeza a mil vuelvo a llamarla, me atiende, le cuento todo,
después de disculparme por llamarla un domingo a la tarde, me dice que no
escucho mi mensaje y me pregunta,”y vos que queres hacer? “, le contesto que no
podía gastar ese dinero en este momento ni nunca en realidad para hacer las
copias de las llaves y cambiar la cerradura. Que si ella quería lo hablábamos,
que me parecía medio loco pensar que alguien que encontrase esas llaves iba a
saber que pertenecían a este lugar. En fin, que me dijo, deja que mañana
(lunes) hablo con mi cerrajero, le pregunto por el presupuesto y te llamo. No
la escuche ni preocupada, ni molesta, ni nada, en realidad no resolvió, no
ejecuto, en realidad creo que estaba muerta.
El
lunes me despierto, y decido poner fin a la situación, la llamo por teléfono,
estaba el contestador y le digo que se quede tranquila, que no hable con el
cerrajero porque ya había encontrado mis llaves.
Voy
hasta lo de la vecina amiga y le pido me preste la llave de la puerta de calle
que voy a ir a hacer una copia,
(DOS
ACLARACIONES: A TODO ESTO ES BUENO QUE SEPAN QUE, EL DOMINGO TUVE QUE SALIR DE
URGENCIA A LA FARMACIA POR ALGO QUE NECESITABA MI VIEJO, POR LO TANTO
MOLESTE A UNA DE LAS POCAS VECINAS QUE ESTABA EN EL EDIFICIO PARA PODER SALIR,
HACER LA COMPRA Y
DEVOLVERLE LA LLAVE. POR
OTRO LADO, LA COMPRA QUE
HABIA HECHO EN EL SUPER FUE DE $ 589, TENIA $ 500, ASI QUE LE DARIA EL RESTO A
PABLO CUANDO ME ACOMPAÑASE A DEJAR LAS BOLSAS A CASA).
Continuo,
hago la copia de la llave y ya que estoy un juego mas, así me quedarían dos,
regreso a casa y me pongo a cocinar. Suena el timbre, atiendo el portero, era
Pablo, el pibe del supermercado, con la esperanza de que me dijese que había
encontrado las llaves (no se por que uno se encariña con un manojo de llaves
que nos acompaña mucho tiempo, además tenia dos maripositas de adorno, que se
yo, boludeces), me dice no, no te alegres, no las encontré pero Mary necesita
que me pagues los $ 89. Mary vendría a ser o la dueña o la hija del dueño del
Supermercado, una mina de un carácter difícil, que me conoce hacen ocho años, a
quien compro desde siempre y desde siempre le hago compras importantes. Le
contesto a Pablo, pero no sabe todo lo que me paso? le contaste?, si, si dice
el pibe, pero ella nos pide que no fiemos a nadie, aparte nos amenaza con que
si no le llevamos la plata que nos deben nos la van a descontar de nuestro
sueldo. (Por eso antes les nombre el súper, para que si alguna vez, de
casualidad, alguno de ustedes pasan por ahí, en mi nombre, no entren). Pero escúchame
Pablo, le contesto, ya gritando, todo por el portero, vos viste que no pude
entrar, estoy adentro de casa, no tengo mi llave, dejame intentar ver si puedo
pasarte la guita por debajo de la puerta.
Junto
exactamente $ 89 bajo y le paso a Pablo el dinero (aclaro, aunque no debería,
que a esos chicos he llegado a darles $ 20 de propina, pero en fin). La cosa es
que cuando agarra la plata, le digo desde adentro: DECILE A MARY QUE SE OLVIDE
DE MI, PERDIERON UNA CLIENTA, ESTE LUGAR ESTA LLENO DE SUPERMERCADOS COMO EL DE
USTEDES, LES HICE UNA COMPRA DE $ 500, ME RECLAMA $ 89 NO PUEDO SALIR DE CASA,
TENGO A MI VIEJO COMO VOS LO VISTE Y ENCIMA AMENAZA. GRACIAS A VOS Y EL OTRO
CHICO, PERO NO ME VAN A VER MAS. PABLO CON CIERTA ANGUSTIA ME PIDE QUE LA
LLAME POR TELEFONO, LE DIGO QUE NO, YO VENIA
DE TENER UNA SEMANA DE CONFLICTO CON PERSONAL (encima).
Vos
te crees que voy a gastar una llamada para hablar con una persona que tiene
desconfianza de mí, que soy clienta hace 8 años, de compras grandes y que siempre
cumplió? No gracias. Suerte y mandale saludos. Es una caradura.
Y
Pablo se fue.
A
todo esto la señora adminastrodora muerta no escucho mi mensaje del lunes, por
lo tanto vuelve a sonar el timbre, atiendo y era el gordito de planta baja avisándome
que un cerrajero mandado por ella me esperaba en la puerta. Le contesto a
Ignacio (que así se llama el vecino), pero si ya la llame y le dije que encontré
las llaves, ya no necesitamos cambiar nada. El, muy amablemente me contesta: NO
SE, ARREGLATE, YO ME TENGO QUE IR A TRABAJAR, EL PROBLEMA ES TUYO.
El
cerrajero, un pibito, sube a mi departamento, le abro, y le digo, escuchame, ya
no es necesario hacer el laburo, ya encontré las llaves, pero yo ya hice las 24
copias, me contesta el nene, le digo, espera, agarro el celular, llamo a la
muerta, y misteriosamente me atiende, le digo lo que pasa, y me dice, bueno
entonces que no haga nada, mientras el jefe del cerrajerito hablaba por otro
teléfono con la muertita y le decía que habían hecho las copias. Entonces la Sra. me explica, mira las
copias están hechas, yo solo necesito a alguien del edificio que se las quede,
haga un cartel, lo pegue abajo y vaya entregando las llaves. Le digo que yo lo
puedo hacer, que no suelo salir de casa, que estoy al cuidado de mi papa. Pero
le aclaro que yo eso no lo iba a pagar. Ella me aclara que me quede tranquila
que se hará cargo la administración. No se todavía si habrá cambio de planes
pero tan muerta no estaba. El chico baja, y en diez minutos cambio la
combinación de la cerradura. Me dio las 24 llaves y se fue.
Pasaron
los minutos, horas y días, y de a poco todos los vecinos fueron teniendo sus
llaves nuevas. De última sirvió para conocerlos, nunca tuve relación con mucho
de ellos, sobre todo cuando trabajaba. Salía demasiado temprano y volvía
demasiado tarde.
A
la noche el último que me toco la puerta fue el gordito de la PB , vino a buscar sus copias y
lo encare. En definitiva, le dije que no se yo como es la relación suya con los
demás vecinos pero que a mi no me iba a tratar mal, porque ni mi padre ni yo
hacemos nada para molestar a nadie. Ni la música alto, ni la tele alto, tengo
un piano en casa que no toco. Y ya ni siquiera gritamos los goles de River. Me pidió
disculpas el necio. Y se fue.
Fueron
días complicados, Salí solo a comprar algunas cosas, ahora tengo que
acostumbrarme a hacer las compras que antes hacia solo con un llamado por teléfono.
En
el medio de todo esto, se rompe mi monitor de la pc, mi Tía me presta la
tarjeta para que compre uno nuevo. Trato de terminar un laburito que me paso mi
hermano hace meses de transcripción de una novela que escribo hace diez años,
no tenia tiempo ni ganas de seguir tipiando y la llevo a un locutorio para
escanear las paginas que faltan, me falta un pendrive, trato de comprar uno,
era un robo, así que la chica del locutorio que no me conoce pero que hace el
laburo decide prestarme uno y encima explicarme como se maneja. Hago el laburo
todo el último sábado, Día en que le prometí a la chica devolvérselo. No pude.
Hoy
después de algunos inconvenientes con papa, cocinar, comer y lavar platos, me
voy hasta el locutorio para devolver el dispositivo. Se lo agradezco, me trata
como si fuésemos amigas de toda la vida. Paso por el negocio que vende todos
productos de pollos de granja (había llevado $ 400) compro lo necesario y enfilo
para súper chino, que queda en la calle Nicolás Repetto. Hago las compras que
necesitaba si o si. Voy a la caja. Una hermosa japonesa o china o lo que sea,
me atiende. Cuando hace la cuenta final da $ 338. (ya había dejado $80 y pico
en el otro negocio) le doy los $ 300 y le digo, creo que no llego a los $ 38,
saco todas monedas que tenia (eran muchas), cuento, tenia un billete de $2, la
hago corta, hace un año o mas que no voy a ese supermercado, la chica no me
conoce, porque siempre que fui antes, cuando vivía mas cerca de ese lugar iba
mas seguido, había todo el tiempo cajeras diferentes. Redondeamos y aun ofreciéndoles
sacar algo de lo comprado, me dice, no importa, me debes $ 13, cuando pases de
nuevo me lo pagas. Le aviso que no voy seguido por ahí, que no suelo comprar
todos los días. Me dice que no importa que solo vaya a pagarle si pasaba por
ahí. Agarre las bolsas. Camine hasta casa, abrí todas las puertas (que siempre
se vuelve a abrir) llegue a casa y con calor, cansancio y cierto hartazgo le conté
esta historia a mi viejo héroe. No se, tenia ganas hace unos días de contar
esta historia de gente sin solidaridad,
agresivos, desvastados, y almas
“ayudantes” que vieron como reventaba a golpes mi puerta.
Pero hoy, después de
ir al supermercado chino, de conocer a esa niña que me cobro. Le encontré un
final a la historia. Cerré un círculo.
Les
dejo un ejercicio, tal vez puedan entretenerse. Busquen en este relato que
hasta puede llegar a ser aburrido, a la buena gente que esta cerca de uno y a
la otra, de la que definitivamente hay que alejarse.



