
Fillol y Carrizo (el malo de la película)
El fútbol es el espejo que mejor nos espeja. Propongo una reflexión sobre el despelote que se levantó entre Juan Pablo Carrizo y Ubaldo Fillol
¿Qué puede espejar el fútbol? Nuestra violencia. Nuestro racismo. Nuestro exitismo y derrotismo. Nuestra inestabilidad anímica. La fragilidad de nuestras opiniones. Nuestra velocidad para caer en la impunidad de la desmemoria. Los recovecos de nuestra condición humana.Para los que no se interesan por el fútbol, presento los personajes: Juan Pablo Carrizo es el actual arquero titular de un River desde hace algunos años saqueado por su dirigencia (hasta no hace mucho liderada por un águila de apellido parecido), un River hoy en estado de cornisa que lucha por no irse al descenso. Carrizo es, además, arquero de la selección argentina. Algunos sostienen que es el mejor arquero argentino y sudamericano de la actualidad. Ubaldo Matildo Fillol para muchos es el mejor arquero argentino de todos los tiempos. Integró la selección que ganó el obsceno Mundial de 1978. Actualmente es adiestrador de arqueros en River.¿Qué carajo pasó? Carrizo este año tuvo varios partidos extraordinarios, eso permitió que el mismo River que lucha por no bajar de categoría, estuviera de pronto con aspiraciones para ganar este campeonato. Pero el fútbol, tan azaroso, convirtió al héroe en villano: hace un par de partidos, en el clásico mayor con Boca, Carrizo rechazó un tiro hacia su propio arco. Gol en contra, accidente de trabajo. Ese gol fue determinante en la derrota de River. Carrizo lo reconoció públicamente.El domingo pasado River ganaba 1 a 0 a San Lorenzo. 73 minutos de partido: un pelotazo desde fuera del área, Carrizo lo contiene a medias y hacia atrás. Otro gol casi en contra. Otro error garrafal. Al ratito, Carrizo, alguien propenso a los riesgos, redobla la apuesta e intenta jugar con el pie una pelota que según los manuales debe ser rechazada sin asco. Casi pierde la pelota en la puerta del área. Concluye el partido. Carrizo no huye hacia el vestuario, afronta una entrevista televisiva sobre el pucho. Con el micrófono en la yugular, sin vueltas se hace cargo de sus gruesos errores. Después cruza la cancha hacia el vestuario. Media hinchada le insulta la madre y al padre y a otros parientes. Carrizo besa el escudo de su camiseta. Durante ese calvario interminable que es el tramo que desemboca en el vestuario, aparece Ubaldo Fillol y trata de abrazarlo. Carrizo lo aparta, lo rechaza, sigue su rumbo.Gran escándalo. Y tema nacional, por supuesto. Carrizo recibe críticas por aire, mar y tierra referidas a su actitud con “con esa gloria del fútbol que es Fillol”. Carrizo se disculpa, pero el legendario Fillol se declara humillado y después renuncia como adiestrador de arqueros de River Plate. Fillol dice que no puede tolerar la “humillación”. Y agrega que algo semejante solo se lo podría perdonar a su hijo. Pero Carrizo no es su hijo.Invito a observar las muy reiteradas imágenes televisivas de ese final. Veamos: ahí se retira de la cancha Carrizo. Fillol se le acerca con la intención de consolarlo. Carrizo lo aparta, sigue, mientras besa el escudo de su camiseta y cientos de plateístas lo putean.¿Por qué rechazó Carrizo a ese Fillol que venía a abrazarlo? Si uno se atiene a las imágenes, en primera instancia lo suyo es indefendible. Pero.¿Pero qué? Pero muchas veces las apariencias engañan.Pienso que el indefendible Carrizo merece un esfuerzo de más reflexión. Creo que ni Carrizo actuó tan mal, ni Fillol actuó tan bien. A esta altura me pregunto: ¿cómo hubiera actuado yo en lugar de Carrizo? A ver, ¿cómo? Respondo: los hechos visibles se prestan para acusar, rápido, a Carrizo: maleducado, irascible, irrespetuoso, soberbio, y tanto más. No cuesta nada, observando las imágenes visibles, subirse a esta frase: “Caramba, muchacho, eso no se hace con el veterano Fillol que fue a consolarte”.Casi de acuerdo. Ese desplante de Carrizo no es algo bonito. Pero pienso, siento, que las imágenes visibles no muestran todo sobre este cachito de “condición humana” de los dos protagonistas. Y seré sincero aun a riesgo de ser muy mal leído: en el lugar de Carrizo, en ese momento yo también hubiera rechazado, por lo menos con un manotazo, el intento de abrazo consolador de Fillol. A ver si consigo explicarme: Carrizo estaba fuera de sí por dos gruesos errores, el de este partido con San Lorenzo y el no cicatrizado del partido de Boca. Al final del partido, en ese momento, un vaso de agua se convierte en un vaso de hiel, o de nafta. Esto que opino, sí, es muy subjetivo. Pero es lo que siento: creo que si el joven Carrizo estuvo descortés y maleducado y etcétera, el veterano Fillol estuvo histriónico, subterráneamente jodedor. Con su intento de abrazo consolador no hacía otra cosa que subrayar, que poner más en evidencia el desastre deportivo de Carrizo. Esto ante miles de espectadores y cientos de miles de televidentes.Pienso, y sobre todo siento, que el joven Carrizo reaccionó como alguien que está fuera de sí por la adrenalina de la frustración desatada. Carrizo sintió –lo dijo– que ese abrazo aparentemente generoso de Fillol iba a explicitar su reciente macanazo, su gol en contra.Digo más: Fillol con su gesto histriónico no ayudó a Carrizo, para nada. Si deseaba realmente contenerlo y alentarlo, podía haberlo hecho, sin semejante exhibición mediática, dos minutos después, en la intimidad del vestuario.El histrionismo demagógico del sin duda glorioso Fillol se confirmó durante la semana, cuando presentó la renuncia al equipo de técnicos de este River que está en situación de cornisa.Posdata: El fútbol, aparte de su prodigioso juego, es el espejo que mejor nos espeja. Nadie es totalmente malo ni bueno. Pero a veces uno tiene que elegir entre un “bueno” demagogo y falso y un “malo” descortés y sincero. En este caso, damas y caballeros, sepan disculparme: yo simpatizo con el malo sincero. RODOLFO BRACELI
Transcribo esto en mi blog porque me parece brillante y porque en mi vida estos dos personajes se encuentran en el mejor de mis sentimientos y en mi mas profunda admiracion.
Tal vez duela tener que tomar partido, duele verlos alejados. Tal vez duela que en estos tiempos de Internet, Mensajes de textos y orgullos resaltados, dos hombres no se puedan sentar a tomar un cafe a arreglar las cosas, mirarse a la cara y saber que estuvieron mal.
NO HAY MANERA DE PEDIR PERDON - PEDRO AZNAR